La mujer trabajadora

Es el momento de reflexionar acerca de las condiciones vitales y laborales de las mujeres trabajadoras en el mundo y en la sociedad. Es evidente que se han producido logros favorables a la mujer pero, ¡ojo! no todos;

          • La tasa de paro femenina es el doble que la masculina.
          • Los salarios de las mujeres son un 30% más bajos que los de los hombres, desempeñando trabajos de igual valor.
          • Las mujeres dedican 5 horas más por jornada laboral a las tareas domésticas, convirtiéndose en su segundo centro de trabajo

En definitiva, ¿Existe una plena equiparación entre las condiciones laborales o profesionales del hombre y de la mujer?



COLABORACIONES
AUTOR
La mujer no ha de demostrar nada.... BLS
El mundo del trabajo y la desigualdad de género Maite Mola
El edificio laboral de la mujer se derrumba Soledad Ruiz Seguín
El PP no ha cumplido FES- UGT de La Rioja
Nosotras Trabajadora ilusionada
Una falsa homogeneidad Alberto Martín del Moral
La lucha sindical continúa Lara Manero Elorza
La vuelta a casa de la mujer Laura Remón
Mujeres olvidadas Teodoro Tomás Garrido
La encrucijada familiar José María Buzarra Cano
Mucho camino por recorrer Laura Sáenz-Laguna González
¡¡Combatamos la injusticia!!! José María Buzarra Cano

LA MUJER NO HA DE DEMOSTRAR NADA...

BLS

 

Pese a que encontraré serios detractores, he de comenzar esta pequeña reflexión cuestionando que este debate esté compuesto, casi exclusivamente, por firmas femeninas. No es precisamente la mujer la que tiene que asumir su cambio de identidad.

También he de aclarar que, personalmente, rechazo, por principios, la celebración del Día de la Mujer Trabajadora. Dedicar una jornada al reconocimiento del trabajo de la mujer significa convertir la normalidad del hecho consumado en una condición excepcional. Considero, firmemente, que la mujer no ha de demostrar nada, pese a los tópicos. Todo hombre que haya compartido vida o trabajo con una mujer es consciente de que existen, como en todo, ejemplos mejores y peores de profesionalidad, dedicación y rigurosidad laboral. Otra cuestión es la manifestación pública de su reconocimiento.

No es menos cierto, sin embargo, que hombres y mujeres no viven y trabajan en condiciones de igualdad. Para quienes todavía piensen en las diferencias físicas como base de esta circunstancia cabe puntualizar que, aunque todavía muchos puestos de trabajo necesitan la fuerza bruta, la propia transformación e innovación de los procesos productivos hacen cada vez más prescindible este esfuerzo físico.

De modo que, hoy en día, la necesidad de una excelencia física es mínima (por no entrar a recordar que la mujer también ha desempeñado, y sigue haciéndolo, labores tan físicamente duras como las agrícolas); lo que me lleva a otra cuestión: si los hombres, principales empleadores de este país, son conscientes de que la mujer está perfectamente capacitada para la gran mayoría de los trabajos, ¿por qué rechazan a la mujer más frecuentemente que al hombre en empleos que podía desempeñar sin ningún problema?, o ¿por qué la mujer encuentra más obstáculos que el hombre para ocupar un puesto de responsabilidad?, o ¿por qué se dan graves diferencias salariales entre hombre y mujer en empleos de igual valor? Demasiadas cuestiones sin sentido para dar a todas ellas una respuesta lógica.

Coincidiré con algunos de mis compañeros de debate en que la base de este y muchos otros problemas es, por lo tanto, cultural, fruto de una educación trasnochada de la que, desgraciadamente, he de culpabilizar en gran medida a las mujeres. Pese a la contradicción que supone, muchas mujeres (cada vez menos, afortunadamente) todavía siguen empapadas de una cultura injusta impuesta, desde hace siglos, por hombres. Si un niño sigue percibiendo que son su hermana y su madre quienes hacen las tareas domésticas la lógica hará que, salvo que desarrolle a lo largo de su vida una sensibilidad especial, se acomode en esa desigualdad. Y este "cuadriculado" esquema de valores será el que rija gran parte de su vida.

No obstante, existe otra variante del problema. No seré yo quien niegue el avance de la mujer, pero soy crítica al evaluar su alcance. Ya no se cuestiona a la mujer que decide trabajar fuera de su casa pero, curiosamente, ésta todavía se mantiene terriblemente ligada a las tareas domésticas en la gran mayoría de los casos. Por lo tanto, en términos absolutos, la mujer sólo ha avanzado en el refuerzo de sus libertades teóricas porque, en la práctica, sigue trabajando en su casa y, además, ha añadido un trabajo fuera de ella. Afortunadamente, repito, cada vez hay más hombres que se "resignan" a socializar las cargas domésticas.

Por otro lado, pese a que me cuesta creerlo, he de reconocer que el hombre ha generado una especie de rechazo al cambio de los esquemas de poder. Hasta ahora, hemos vivido en una cultura en la que se ha alimentado la contraposición entre hombre y mujer. Se han resaltado más sus diferencias que sus semejanzas, lo que nos ha llevado a una especie de ridícula competición entre sexos que, llevada a su extremo y partiendo de los avances reales de la mujer, puede haber creado en los hombres un cierto temor a perder, de alguna forma, su autoridad y su cuota de poder. De ahí, los constantes obstáculos que impiden a la mujer llegar a desempeñar cualquier responsabilidad en una esfera pública.

He de reconocer que existe una cuestión que no entiendo: los casos en los que, aún reconociendo la valía profesional de una mujer, ésta cobra menos que un hombre desempeñando su mismo trabajo. La única explicación que se me ocurre, aunque sea disparatada, es que se aprovecha la falsa imagen de debilidad de la mujer en los propios criterios economicistas de la empresa para justificar un menor salario. Sea o no la clave, lo cierto es que las diferencias existen.

Quiero finalizar este artículo apelando a la responsabilidad de las mujeres en el proceso de cambio que se está vislumbrando. No es cierto que estemos viviendo un periodo clave de transición. Deberán ser nuestros hijos que, bajo la nueva educación que nosotras les ofrezcamos, eduquen también en igualdad. El sistema es todavía demasiado inmaduro para que, libremente, el hombre ofrezca una parcela de lo que tradicionalmente le ha correspondido y lo asuma sin miedo al cambio.


EL MUNDO DEL TRABAJO Y LA DESIGUAODAD DE GENERO

 

Maite Mola
Responsable del Area de la Mujer de IU Fedreral

 

Vivimos en sociedades basadas, pese a todos los avances, en un modelo de creciente desigualdad: entre mujeres y hombres, entre ricos y pobres; y, recorriéndolo todo, entre trabajo y capital, en la era de la globalización neoliberal, con una enorme desproporción en el reparto de la riqueza. En el caso de las mujeres, si bien los Tratados Internacionales, las Constituciones y las Leyes consagran la igualdad, e incluso hay avances normativos contra la discriminación, la realidad de ese modelo desigual se impone tozuda.

La desigualdad en el aspecto laboral entre hombres y mujeres, tiene su traducción inmediata en varios aspectos, voy a citar aquí alguno que puede servir de debate, junto con otros muchos que supongo que irán surgiendo:

Los problemas que las mujeres tienen para integrarse en el mundo del trabajo asalariado son tanto cuantitativos, por cuanto la limitación de posibilidades y oportunidades; como cualitativos, ya que son muchos los sectores laborales a los que las mujeres no pueden acceder. En los que acceden, los contratos precarios son la mayoría para nosotras, los salarios un 30% más bajos que el de los hombres, y el empleo a tiempo parcial también es fundamentalmente femenino.

La conciliación familiar y laboral debería estar destinada a la concienciación de los hombres, ya que son ellos los que no consiguen conciliarse con las responsabilidades que la vida en familiar comporta. Todas las medidas legales que se adopten en este sentido, deben llevar aparejadas otras, como una auténtica coeducación, no sólo al nivel básico de los centros escolares, sino también desde la exigencia en las empresas, públicas y privadas, de una auténtica política de equiparación entre los sexos: en los horarios, en los contratos, en los salarios, en la promoción .

No sólo hay que educar para compartir el empleo, sino todo el trabajo que deviene de mantener el bienestar de las personas que conforman el núcleo familiar (éste conformado tradicionalmente o no); El ocio y el tiempo libre, la capacidad individual de disponer de la propia vida, son elementos que influyen decididamente en la felicidad de las personas, por eso hay que reivindicarlos para todo el mundo y no sólo para una parte.

Y me gustaría acabar estos breves apuntes diciendo que la lucha de las mujeres lejos de ser innecesaria, conseguida la igualdad formal, es imprescindible en el camino de conseguir un mundo realmente justo y solidario.

18 de marzo 2004


El EL EDIFICIO LABORAL DE LA MUJER SE DERRUMBA

Soledad Ruiz Seguín
Secretaria Ejecutiva Confederal de UGT

El panorama laboral de la mujer se torna cada vez más complicado en nuestro país. Y más cuando sabemos que, a pesar de bajar el paro en el mes de febrero, el desempleo de la mujer volvió a aumentar en 5.441 personas, situándose la tasa en el 13,4%, según fuentes del INEM (aunque según datos de la Encuesta de Población Activa -EPA- esa tasa aumenta al 15,8%) números que duplican con creces las tasas de paro masculino.

Con los datos de precariedad, la imposibilidad para la mayoría de mujeres de poder conciliar familia y trabajo, las pocas ayudas institucionales, la ausencia de promoción, la inaccesible promoción continua... podemos seguir construyendo el edificio en el que se cobijan las mujeres dentro de nuestro mercado laboral. Las grietas, goteras y el peligro de derrumbe consiguen que muchas de ellas abandonen sus puestos de trabajo y se dediquen, porque les sale más rentable, por cansancio o por desilusión, a sus tareas domésticas. Una perspectiva que hunde a las mujeres en el desaliento y en el anonimato.

Para UGT, las medidas dirigidas a facilitar el acceso al empleo y las dirigidas a aumentar la calidad se refuerzan entre sí. Por ello, las perspectivas de creación de empleo de larga duración dependerán de que sea mejorada la relación entre calidad y cantidad de empleo. Ya los Consejos Europeos de Lisboa y Niza han señalado que las diferencias en el empleo entre mujeres y hombres impiden la cohesión social y frenan el crecimiento económico, entre otros factores.

La tasa de actividad de las mujeres españolas con la media de la UE es muy inferior a la tasa de referencia europea, ocho puntos porcentuales menos en España. Todo esto no hace más que poner de manifiesto que todavía existen en nuestro país obstáculos culturales fuertes en el acceso de las mujeres al trabajo remunerado y una falta de recursos suficientes para la atención a personas dependientes que retienen a un importante número de mujeres alejadas del mundo laboral. Estos estereotipos culturales existentes van a condicionar el acceso de las mujeres al empleo, junto con las escasas garantías de acceder a trabajos de calidad y por tanto del riego a perder el empleo con facilidad.

Otro dato significativo del resquebrajamiento del edificio laboral de la mujer y de la discriminación por sexos en España es que del total de personas ocupadas en el sector público, el 48,28% son mujeres. Es decir, que cuando el sistema de acceso al empleo es objetivo, las mujeres encuentran obstáculos o ventajas de acceso en la misma medida que los hombres.

Con este horizonte, desde la Secretaría Ejecutiva Confederal de la Mujer de UGT exigimos al próximo Gobierno que salga de las urnas que aumente, con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, el gasto y la eficacia de las políticas activas de empleo para garantizar la integración laboral de las mujeres y que, al mismo tiempo, dé mayor participación a los interlocutores sociales para definir esas políticas. Sólo así, aplicando políticas integrales que tengan en cuenta parámetros que garanticen la calidad en el trabajo se pueden corregir estas situaciones.

Madrid, 3 de marzo de 2004


EL PP NO HA CUMPLIDO

DEP. DE LA MUJER
FES UGT DE LA RIOJA

Como ha quedado demostrado durante estos años de mandato del PP, no han sabido, o "querido" hacer nada de nada para que la tan nombrada por su gobierno de la "conciliación de la vida familiar y laboral", ya que la menciona ley solo ha contribuido a favorecer económicamente a las empresas y no han tenido ninguna repercusión en la reducción de la tasa de paro de la mujeres, espero que el 14 de marzo la ciudadanía sea responsable con su voto para que a través de un gobierno que realmente crea en reformas progresista para la mujer y en la necesidad urgente de aumentar los servicios sociales para atender a personas dependientes y en general : niños y niñas, personas mayores, personas enfermas o con discapacidad, es necesario distribuir los recursos sociales en función de las necesidades de cada una.

Es necesario establecer el derecho de la educación infantil de los niños entre 0 y 3 años. Debe ser obligatorio garantizar por parte del gobierno plazas en guarderías públicas en los siguientes términos :

  • garantizar como mínimo que el 20% de nuestros niños/as de 0 a 1 año tengan derecho a una plaza de guardería.
  • para niños/as de 1 a 2 años, garantizar el 50% y para los niños y niñas de 2 a 3 años, garantizar que al menos el 80% tengan ese derecho.

Es indispensable acomodar los horarios de colegios y guarderías a nuestros horarios laborales.

Espero que entre todos y todas hagamos posible que el 14 de marzo de marzo tengamos un gobierno que crea en la igualdad y así lo plasme en sus política.

Logroño, 5 de marzo de 2004


NOSOTRAS

Trabajadora ilusionada

No voy hablar de problemas. La mujer trabajadora de hoy vive mejor y más satisfecha que la mujer trabajadora de ayer. Trabaja como un hombre, cuida el hogar como un ama de casa, cuida a los hijos como una niñera, hace dieta y, además, lo mejor de todo, lo hace con una sonrisa en los labios porque lo hace de corazón y no por obligación.

Nosotras no necesitamos ser jefas o tener subordinados a los hombres para creernos en un escalafón mayor. Es la sociedad la que mira por encima del hombro y se sorprende de este tipo de situaciones que considera extraordinarias. Y por qué. porque no confía en el intelecto femenino ni en su capacidad. Pero si algo tenemos en común las de nuestro sexo, es que una mujer arriba vale lo mismo que una mujer abajo. Y no necesitamos el reconocimiento masculino para creerlo porque por primera vez en la historia, no sólo lo creemos, sino que lo somos. Así que no se preocupen las mujeres, caminando se hace el camino y nosotras, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, demostramos que ya hemos andado suficiente.

Logroño 4 de marzo de 2004


UNA FALSA HOMOGENEIDAD

Alberto Martín del Moral
Oficina Técnica de Prevención de Riesgos Laborales
UGT de La Rioja

 

La Salud se define por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades.

Con esta definición, nos damos cuenta que existe un desconocimiento generalizado sobre la salud de las trabajadoras, puesto que la atención sobre ésta hasta el momento se ha centrado principalmente en aspectos parciales de su salud, siendo la mayoría relacionados con la salud reproductiva.

Desde la perspectiva de género, la actual prevención de riesgos laborales, contempla y trata a la población trabajadora desde una falsa homogeneidad basada en un modelo masculino sin tener en cuenta la segregación ocupacional del mercado de trabajo, la consecuencia de esta realidad es la existencia de unas características específicas en el trabajo realizado por mujeres (por todos conocidos).

Tengo la esperanza de que se pueda avanzar en la consecución de un concepto global e integral de la salud en el trabajo, que debe, por tanto, contemplar todos estos aspectos y apostar por un entorno laboral más saludable y participativo para tod@s.

Logroño, 4 de marzo de 2004


LA LUCHA SINDICAL CONTINÚA

Lara Manero Elorza

A la hora de reflexionar sobre el papel de la mujer trabajadora en la actualidad, varias son las preguntas que rondan en mi cabeza, preguntas que la mayoría de las veces no encuentran respuesta ética ni moralmente convincente.

Recién iniciado el Siglo XXI, (Coincidiendo a su vez con el 25ª aniversario de la Constitución Española ) no debemos caer en la idea de que la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral es un hecho natural de la propia naturaleza, contra la cual poco o nada podemos hacer. Sería entonces absurdo intentar luchar contra semejante magnitud.

El problema surge por el continuo proceso de destrucción de la identidad femenina, debido a que la mujer ha sido la gran protagonista de cualquier proceso de innovación y ha pagado el precio de todo cambio habido en la sociedad, lo que da como resultado que el género masculino ha reforzado su posición dominante, ha creado un ámbito por y para ellos, donde ni siquiera deben demostrar los valores que les cualifican, sino que éstos se les presuponen por su condición de varón.

Así las cosas, debemos afirmar que la sociedad actual esta construida sobre un pacto de división sexual del trabajo, donde la esfera que ocupan las mujeres está relegada a un segundo plano, de tal modo, que el paso de uno a otro ámbito supone para el género femenino demostrar que posee las cualidades específicas para ocupar esas posiciones, no dejando de encontrarse en esa dura tarea importantes obstáculos como son la escasa eficacia de la conciliación de la vida familiar y laboral, el alto índice de desempleo femenino, la contratación temporal, etc.

El efecto de ello es la insuficiencia con la que ambos ámbitos son cubiertos. En esta sociedad tan competitiva en el ámbito laboral, no podemos caer en la idea de dividir el trabajo en función del sexo de las personas, ya que todo ello conllevaría una escasa cualificación en los distintos organigramas funcionales societarios .Cabría pensar entonces en la posibilidad de una combinación de elementos como respuesta a tan arduo problema, superponiendo responsabilidades, independientemente del sexo de la persona trabajadora.

Por todo ello, y reflexionando sobre todo lo anteriormente expuesto, debemos seguir luchando para la consecución de estos logros, tan cercanos pero a la vez tan lejanos, todavía hoy, de conseguir. Y para ello, es preciso concienciar al género masculino de la valía profesional y aptitud cualificada de las mujeres para el acceso al mercado laboral, evitando más medidas legislativas "eficaces " entre líneas pero de inútil aplicación.

Logroño, 3 de marzo 2004

LA VUELTA A CASA DE LA MUJER

Laura Remón

De nuevo 8 de marzo, de nuevo recordar, de nuevo manifestar, de nuevo informar, divulgar y celebrar el día de la Mujer Trabajadora.

Miedo me da que en este país se siga mirando hacia el modelo norteamericano, porque si es así, el 8 de marzo terminaremos celebrando otra historia muy, muy diferente. Soy pesimista en estos instantes y tiene la culpa un artículo de prensa de investigación social que leí hace unas semanas no sin cierto recelo, sobre "La vuelta a casa de la mujer norteamericana", como en las años 50, pero con la diferencia de que estas mujeres son mayormente Licenciadas y con Master en Columbia y Yale. ¿Talentos? Es obvio que la mujer con una situación económica más baja ni siquiera se lo plantean aunque quiera.

La vuelta a casa, al hogar.al retroceso de todos los logros hasta el momento conseguidos con la vida, el sacrificio y la constancia y de muchas mujeres. Alguien que ahora recuerdo, dijo una vez: "que hacía atrás ni para coger impulso".

Se les olvida a estas mujeres que el trabajo en una de nuestras mejores armas, por no decir la única, para ganar cuotas de igualdad. Siempre, eso sí, que estemos presentes en puestos Directivos y en las negociaciones colectivas "redefiniendo" los niveles salariales de los puestos de trabajo mayoritariamente cubiertos por mujeres. Ya que seguimos teniendo menores prestaciones que los hombres y deben estar equiparadas, como hace referencia el artículo 14 de la Constitución.

Pienso que la mayoría de las mujeres que toman la decisión de "volver a casa", allí o aquí, se debe en alguna medida a la no participación del hombre en la responsabilidad familiar y doméstica.. Con lo cual debemos educar a nuestros hijos por y para la igualdad con el ejemplo de la participación de la madre en el mundo laboral y con la íntima convicción del hombre de que los hijos son cosa de dos, haciendo extensible las medidas legales de maternidad -paternidad- al hombre y sin olvidar compartir las atenciones a nuestras personas mayores.

Todo esto se resume en RESPETO, RESPETO MUTUO entre hombre y mujer, sin olvidar el firme compromiso de la sociedad y de los estamentos sociales para velar y fomentar la igualdad.

Y olvidemos la "vuelta a casa", que es un cuento de hadas, dragones y castillos que sólo nos sirve para inducirnos al sueño.

Logroño 1 de marzo de 2004


MUJERES OLVIDADAS

Teodoro Tomás Garrido
S. General de UJP de la UGT de La Rioja

 

Puede parecer que quiero decir que todas las mujeres están en el olvido, pero nada más lejos de mi intención, y si no veamos cómo en estos tiempos la mujer ha ido logrando espacio en los medios de comunicación, o la cada vez más amplia militancia a través de los diferentes y plurales movimientos reivindicativos.

Sin embargo considero que hay un sector de mujeres a las que la sociedad,y en alguna medida los movimientos reivindicativos no tienen en cuenta.

Me refiero a la mujer mayor, esa mujer de la generación de los años veinte que hoy son las jubiladas. Mujeres que en un gran porcentaje, dedicaron su vida a ser la compañera, la que tuvo que administrar el exiguo salario de su compañero para poder llegar a fin de mes. La que tuvo de ser la educadora de sus hijos. La que tuvo de cuidar de sus padres mayores y la que además tuvo que ser la comprensiva esposa de su compañero para que éste no decayera ante la dureza laboral de aquellos tiempos de pelea sindical o política clandestina y arriesgada, que con la llegada de la democracia se convierte en sostén y ocasional partícipe de la actividad de su compañero.

Hoy si prestamos atención parece que la hemos relegado a ser las "abuelas esclavas" como muy bien fueron definidas en unas jornadas sobre la mujer mayor celebrada en Madrid, por una responsable del INSERSO, la cual ella misma sostenía que se veía obligada a cuidar de los nietos, porque no hay guarderías públicas para los niños de nuestros hijos.

Desde aquí quiero llamar primero a las propias mujeres mayores a exigir de sus hijos que no solo se conformen con ganar dinero trabajando. Si no que ellos deben a su vez luchar para que las instituciones públicas hagan guarderías. Segundo, si nuestro hijos no tienen la gallardía de ser ciudadanos responsables, al final tendremos que ser nosotros mismos, los mayores los que tendremos que salir a la calle a exigir guarderías para nuestros nietos. ¡Gran desgracia por cuanto de "marcha a tras representa"! Pero en fín.

Jubilación quiere decir júbilo. Y júbilo es: que entre otras, podamos disfrutar en los días que nos queden, de nuestros nietos con alegría y si es posible con salud. Pero no que seamos esclavos por cuidarlos por culpa de que el gobierno de turno, no pone los medios adecuados para solucionar el déficit aquí denunciado. Y si no démosnos una vuelta por algunos Países europeos y veremos cómo con el dinero de los impuestos de verdad protegen a la familia. Vamos que ya está bien de tanta propaganda "popular" vendiendo lo invendible.

Consiguientemente deseo y quiero pedir, que haya un reconocimiento social, a estas mujeres de las que hemos hablado. Que han dedicado toda su vida a los demás, haciendo posible que la sociedad que hoy tenemos haya avanzado en muchos planos pero que ésta y los gobernantes, digo yo, no estaría mal que se fuese pensando en valorar el coste de su trabajo no reconocido y que se les otorgara por derecho una pensión contributiva.

Logroño 1 de marzo de 2004


LA ENCRUCIJADA FAMILIAR

José María Buzarra Cano
Ex s. general UGT de la Rioja
Director FRES

 

Desde el principio quiero dejar claro, que mi intención es polemizar con mi ex compañero de escaño, el "popular" Dr. J. Lasierra Cirujeda, a resultas de su artículo de opinión "Los abuelos, los nuevos "au pair", y con cuantos como él mantienen que España va bien.

Comenzaré señalando que no comparto la valoración positiva que efectúa sobre la política de empleo del PP. Asimismo, no coincido con el escenario en el que a la mujer le ha permitido salir de su hogar a cambio de un trabajo, incrementando el poder adquisitivo y por supuesto, mucho menos la idílica situación que representa el ver a nuestros mayores "realizados" cuando no forzados, ejerciendo de asistente familiar.

Y digo todo esto, sabedor de que muchos de estos últimos lo hacen gustosos y afectivamente se ven recompensados con el sólo ver una inmaculada sonrisa de su nieto.

Salvado este o algún otro aspecto colateral, me centraré en la resignación, cuando no contradicción, con la que describe el acontecer de unos animosos ciudadanos que se echan solidariamente la mano, ante la dura realidad socioeconómica por la que atraviesan.

Y ciertamente, no será por la de dinero vía impuestos que aportamos los ciudadanos para que la vida sea mejor que la que tuvieron nuestros antepasados. Y mire usted: a fecha de hoy, después de dos legislaturas del PP todavía seguimos exigiendo la eliminación de la injusticia dentro y fuera del trabajo y una redistribución económica mejor en beneficio de la mayoría social.

Así está la cuestión que, para una muy amplia parte de la sociedad, la emancipación, es decir, un mundo sin injusticias, en plenitud de libertad y sin el machaque de uno por encima del otro, que en su día plantearon no sólo los prohombres del socialismo y del humanismo, dista mucho de ser una meta próxima a alcanzar. Afirmación esta, si me permite, que no es cosa de uno, ni de dos. Más bien y por desgracia, tiene soporte oficial en los innumerables informes de Instituciones de dentro y fuera de la Unión Europea.

Ahora bien, si por contra usted no comparte esta visión, el concepto en sí mismo, o no se ha percatado de la situación por la que están pasando nuestros congéneres. Le aconsejo pierda un poco de su tiempo dando una vuelta por la calle; recorra algún que otro polígono industrial, o ponga el ojo y por supuesto la oreja, a cuanto acontece en el entorno familiar y vecinal y, seguro que finalmente coincidirá con nuestro análisis más allá de la inevitable soflama política de estos días electorales.

Para mi, el arrogante triunfalismo de esta denominada nueva economía que usted defiende, no ha servido para modelar una sociedad más justa. Es más, las cifras permiten ver otra perspectiva. Otros, si se me permite matices, que dan como resultado, la precariedad laboral, la siniestralidad, el mal funcionamiento sanitario, una educación deteriorada y una democracia pervertida.

Hablando en plata a la unidad familiar, con o sin el "abuelo-asistente", que a mi entender caricaturiza en su artículo de opinión, la política económica y social del PP va causándoles y acumulando problemas, unos sibilinos y otros palpables, a los que como pueden van dando salida a costa de convertirse en los "nuevos excluidos sociales".

Y todo esto sucede en un periodo macroeconómicamente irrepetible y faborable para cualquier gobernante que hubiera estado al frente de nuestro País. Y ello, le recuerdo, gracias a las devaluaciones de la peseta de 1992-1993 y el favorable tipo de cambio con el que se incorporó el euro; a las condiciones de la política monetaria común muy excepcionales para nuestra economía; al largo periodo de moderación salarial; la masiva entrada de inmigrantes (y el creciente peso de la ilegalidad en su contratación), en especial en los últimos cuatro años, y que en poco o en nada, se está beneficiando esta "familia-ampliada" de la que hablamos.

Así las cosas, los problemas de fondo que se quiera o no reconocer inciden en el comportamiento de estos convecinos, no se han resuelto y en cualquier caso van en aumento. A saber: la tendencia inflacionista de la economía; la productividad, ya deficiente, que ha caído respecto a nuestros competidores; la extensión de los bajos salarios, el empleo (con frecuencia, en condiciones de ilegalidad), se han traducido en un deterioro de la ya histórica insuficiente competitividad...Y no digamos si los tipos de interés se modifican al alza (ojo al parche con el tema de la vivienda y las hipotecas contraídas, así como la economía nacional sujeta al ladrillo y ala especulación). Tararí que te ví.

A todo esto, hay que sumar el desastre de las políticas de empleo, que en el caso de la mujer a fecha de hoy sólo trabajan el 39 % de las que podrían hacerlo, el 62% de los parados riojanos son mujeres y a nivel salarial cobran un 27 % menos que los hombres.. permitiendo en el mejor de los casos trabajar por horas a la mujer.

En suma, ésta y en general la inmensa mayoría de las familias, pueden afirmar que durante este largo periodo de gobierno "popular" se han desatendido las nuevas demandas sociales y claro, telefonazo al abuelo y todo solucionado.

Pues no señor. Esto no es avanzar. Esto no es la solidaridad. Esto no es nada entrañable. Esto es una puñeta.

Esta situación representa ni más ni menos, que con el salario de dos jóvenes, recién casados y ya con un hijo, no llega ni para pipas. Y claro, para que está el abuelo.

Logroño, 1 de Marzo de 2003



MUCHO CAMINO POR RECORRER

Laura Sáenz-Laguna González

Tras 25 años de la implantación del sistema democrático en nuestro país, se ha conseguido la igualdad, formal y normativa. Desgraciadamente, esta igualdad legal, todavía no es una igualdad real, porque cotidianamente constatamos como, lamentablemente, las mujeres no tienen los mismos derechos en aspectos esenciales para el desarrollo humano.

En las últimas décadas hemos asistido a una transformación demográfica, educativa, y de la actividad laboral, en la que interesa destacar la importante caída de la tasa de natalidad, la notable presencia de la mujer en los niveles superiores de la formación, y el incremento de la tasa de actividad, que aún así, sigue estando muy por debajo de la masculina. Sin embargo, el desempleo, continúa siendo mayoritariamente femenino. En la actualidad, y como una tónica que se mantiene a lo largo de los años, la tasa de desempleo femenina triplica a la masculina. Esta evidente discriminación se ve reforzada al afectar, de forma significativa en las mujeres, el paro de larga duración.

A la hora de incorporarse al mercado laboral, las mujeres, no parten de una posición inicial de igualdad de oportunidades, sino que debe enfrentarse a muchos inconvenientes y prejuicios que aún persisten, así como claras dificultades en el acceso, permanencia, y promoción en el empleo.

Otro de los aspectos a valorar es la contratación. La población femenina continúa teniendo una mayor presencia de contratación temporal que la masculina. Esto supone un dato negativo, dado la inseguridad que conlleva este tipo de contratación, así como otro tipo de desventajas en cuanto a remuneración, promoción, etc. Cabría señalar también que el colectivo femenino es el que sufre en mayor medida la economía sumergida.

Esta significativa incorporación de la mujer al mercado de trabajo no se ha visto acompañada por una diversificación de empleos, de tal forma que, actualmente, las mujeres siguen concentrándose mayoritariamente en sectores de actividad y en un pequeño número de profesiones fuertemente feminizadas, y en numerosas ocasiones minusvaloradas, y por lo tanto, peor pagadas.

El papel social que se les asigna, es decir, el trabajo doméstico y familiar, limita el acceso a aquellos puestos de trabajo que requieren plena dedicación profesional, dando lugar en consecuencia, a retribuciones de carácter menor.

Esto, unido a la escasez y precariedad de las medidas de conciliación familiar (guarderías, centros para mayores, etc) me lleva, desgraciadamente, a la siguiente conclusión " nos queda mucho camino por recorrer".

Logroño 9 de febrero de 2004


¡¡ COMBATAMOS LA INJUSTICIA !!

José María Buzarra Cano
Ex s. general de la UGT de La Rioja
Director FRES

Es curioso, la de dinero que teóricamente aportamos los ciudadanos para que la vida, sea mejor que la que tuvieron nuestros antepasados. Y mire usted. A fecha de hoy, todavía seguimos exigiendo, reivindicando la eliminación de la injusticia en el trabajo.

Así está la cuestión que, para una muy amplia parte de la sociedad, la emancipación, es decir, un mundo sin injusticias, en plenitud de libertad y sin el machaque de uno por encima del otro, que en su día no sólo plantearon los prohombres del socialismo, dista mucho de ser una meta próxima a alcanzar. Afirmación esta si me permiten que no es una cosa de uno, ni de dos, más bien y por desgracia, tiene soporte oficial en los innumerables informes de instituciones tan solventes como los de la ONU , OIT, Internacional Socialista, CIOLS..etc. Ahora bien, si por contra usted no comparte esta visión, le aconsejo agudice y pierda un poco de su tiempo dando una vuelta por la calle de cualquier ciudad, recorra algún que otro polígono industrial, o ponga el ojo y por supuesto la oreja, a cuanto acontece en el entorno familiar y vecinal y, seguro que finalmente coincidirá con nuestro análisis.

Es más, hasta está en cuestión, si el trabajo libera al ser humano o por el contrario éste, el "curro", por mucho que lo neguemos sigue siendo una esclavitud en el recién iniciado siglo XXI. Eso sí, los que tenemos la suerte de haber conquistado los principios y valores democráticos, por lo menos, tenemos toda una serie de derechos y obligaciones a los que nos debemos en calidad de ciudadanos, que en la condición de asalariados, empleadores o trabajadores autónomos y evidentemente sus organizaciones de autodefensa, se nos hace más factible y llevadera la tarea y evidentemente la vida.

Lo que no parece tan seguro, visto como anda el personal, es que fuera del trabajo se de la tan cacareada felicidad lograda gracias a la "nueva economía" impuesta por los peligrosísimos y herederos neoconservadores. Eso son palabras mayores en donde el trabajador parece no existir y éste en todo caso, es un consumidor que tiene que plingar más que nunca para pagar su vida hipotecada. En fin.

En cualquier caso, yo de momento me quedo, con aquello de que el trabajo es un punto de arranque privilegiado en nuestras sociedades, desde el que librar a la sociedad de la multiforme discriminación que padecen los individuos.

Por lo tanto, queda claro que la eliminación de la discriminación en el trabajo es fundamental si se quiere que los valores de la dignidad humana y la libertad individual, la justicia y la cohesión social sean algo más que meras declaraciones.

Dicho esto y si usted está conmigo, convendrá que el lugar de trabajo, por lo menos para un sindicalista de izquierdas, europeo, español y riojano, pero sobre todo internacionalista en un Globo Terrráqueo, cuyas políticas económicas y otras, están mundializadas, es un buen punto estratégico para combatir la discriminación.

Pero también le digo. No olvidemos, que desde la experiencia ya medible, el centro de trabajo, sea una fábrica, oficina ..o explotación agraria, pueden ser el núcleo estratégicamente desde el cual abordar y gestionar con mayor eficacia y eficiencia, el combate contra la discriminación. Para ello, eso sí, se necesita el reagrupamiento de todos los trabajadores y practicar un sindicalismo no solo de gestión. Sin perder de vista la legislación y las circunstancias que hacen posible el abuso y la bejación. En cualquier caso a eliminar.

Pero si esto es así. ¿Por qué seguimos hablando de discriminación en el trabajo y más en concreto hacia la mujer? Está claro: porque siguen dándose condiciones que propician la injusticia y en este caso contra la mitad, más o menos de nuestros congéneres, sean de aquí o venidas de allende de las fronteras. Bueno, a estas últimas ciudadanas ni te cuento cómo las exprimen (incluidos algunos trabajadores/as) por aquello de que según algunos imbéciles, no son como nosotros.

Llegado a este punto, conviene señalar que la solución a este determinado y secular problema no vendrá milagrosamente. Ni tan siquiera desaparecerá por sí misma. Ni por la sóla actitud del ejemplo a seguir. ¡No! Más bien vendrá desde la actitud vigilante y denunciadora de los propios compañeros de trabajo ( hoy muy dificultada por múltiples factores de índole antisolidario, economista y.); por la proselitista actitud de los sindicalistas y por la interconexión y puesta en común de políticas a desarrollar por los agentes sociales y económicos, actores indiscutibles que operan en el cambiante y cada vez más desregulado mercado del trabajo. Pero además no hay que olvidar a cuantos pagamos y/o elegimos, que tienen que comprometerse en serio, más allá de las campañas mediáticas. A saber: los Parlamentos, por ser el lugar donde reside la soberanía popular; los Gobiernos por el papel ejecutor y de tutela de cuantas decisiones y propuestas plantearon a su electorado, y, muy especialmente a aquellos que imparten la Justicia a través del Derecho del Trabajo, que en los últimos tiempos, algunos parecen estar inclinados a primar más el interés empresarial que la salvaguardia de los derechos laborales básicos.

En definitiva, ha llegado la hora de la igualdad de trato en el curro entre mujeres y hombres. No lo olvides.

Logroño 2 de febrero de 2004