Como generalización de una amplia conciencia antifranquista, la lucha sindical de 1970 hizo emerger el movimiento obrero de sus reductos de Asturias, Vizcaya, Barcelona y Madrid, para extenderse por las nuevas áreas industriales. Al mismo tiempo, el sindicalismo internacional tomaba conciencia de la proximidad de una transición democrática en España y se movilizaba en apoyo de la UGT. La Organización Internacional del Trabajo - en la que participaba la UGT desde 1974- se convirtió en una plataforma de denuncia de la falta de libertades sindicales en España. Los trabajadores europeos de multinacionales con filiales en nuestro país, actuando con una gran conciencia solidaria, realizaron acciones para presionar a las direcciones respectivas a favor de la democratización de España. Paralelamente en el interior de España, la acción sindical impone nuevos instrumentos de lucha en las empresas, como las asambleas, los jurados y los comités representativos. Las organizaciones obreras se plantean la unidad de acción contra la represión, mediante fondos de solidaridad, comités internos de fábricas, frentes de lucha, coordinadoras locales y plataformas reivindicativas unitarias. El nuevo análisis de la realidad perfiló la estrategia y táctica de la UGT en los últimos años de la dictadura. Las tres líneas principales de actuación se dirigieron hacia la lucha por la democracia y la libertad sindical, la recuperación del papel de la UGT en el movimiento obrero español, y la construcción del socialismo. En el XXIX Congreso de la UGT, celebrado en 1973 en Toulouse, el último que se realiza en el exilio, se decide que la mayoría de los dirigentes pasen a actuar en el interior de forma clandestina. En 1972, comenzó a fraguarse en La Rioja la separación de los socialistas y otras fuerzas políticas y sindicales que dentro del mundo laboral estaban definiendo sus programas. 1973 fue decisivo para la configuración de un movimiento a favor de las libertades. UGT en
La Rioja desarrollaba en esta época una intensa actividad, multiplicando sus actuaciones
a pesar de la precaria situación en que la habían dejado tantos años de represión
franquista. En diciembre de 1975 se establecieron 11 Federaciones que sumaban tan sólo 44
afiliados. A pesar de esta precariedad, UGT supo asumir la defensa de los trabajadores en
conflictos como el de INFEMA, en la que los trabajadores se enfrentaron a la dirección y
fueron abandonados a su suerte por ese instrumento del franquismo que era el Sindicato
Vertical. Correspondió al abogado ugetista Javier Saenz Cosculluela la defensa de
los despedidos. En 1976 se produjeron otros conflictos: Europunto (donde quedó
patente la solidaridad de la clase trabajadora tanto a nivel nacional -con las firmas de
los trabajadores de la construcción- como internacional, mediante la ayuda económica que
los Sindicatos franceses canalizaron a través de UGT), Banco Vizcaya, conservas Collado y
Ulecia, Mosaicos Bergasa y Tres. Merece especial mención
la existencia de diferentes lugares dónde se reunían socialistas y ugetistas, destacando
la farmacia de la calle Vara de Rey N: 9, regentada por Fernando Martínez López
("Nano"), en cuya rebotica se planificaron importantes estrategias políticas y
sindicales. |